4 nov. 2011

Estudio en Malasaña. Brijuni Arquitectos


Color, luz, diseño, pintura, son algunos de los elementos que transforman un antiguo local del barrio de Malasaña en Madrid ahora convertido en el lugar de trabajo del joven estudio madrileño Brijuni Arquitectos.
Dos grandes ventanales reclaman la luz y muestran el interior, la nueva vida de este espacio antes oscuro, sucio, casi clandestino; ahora alegre y extrovertido


En el interior, con objeto de poner en relieve la arquitectura original del local se decide conservar todos aquellos elementos cuyo estado es aceptable. Se limita el enfoscado al sótano debido a la humedad que presentan sus paramentos y el recubrimiento con pladur a los muros más estropeados de la zona de oficina superior. El techo presenta mal estado de conservación, lo que nos obliga a cubrirlo con un falso techo que ocultará el cableado de la iluminación superior. Sobre el suelo de baldosas de terrazo, muy deteriorado debido al anterior uso del local, se dispone un mínimo suelo técnico que se acabará en resina de color verde ácido, color que, combinado con el blanco, será el que marque la presencia de elementos nuevos.


Sobre los paramentos y elementos estructurales que aún permanecen visibles se aplica un tratamiento de protección que subraya su presencia frente a aquellos que se decide ocultar. La única excepción a esta regla la constituye la columna central de hierro que se pinta en verde ácido, uno de los colores de los elementos nuevos, para unificarla con el suelo y destacarla como elemento característico presente en un gran número de locales del barrio.


Bajando al sótano realizamos la misma operación en los armarios laterales, que llegan únicamente al límite del muro, dejando libre la bóveda en toda su longitud, lienzo blanco ideal para la intervención del artista Jack Babiloni que ante nuestro sugerencia de una pintura mayoritariamente monocroma reaccionó con una propuesta cuyo resultado “alto en trementina, ex profeso y ad hoc titulado Brijuni es un paisaje mental” según sus propias palabras, nos gusta especialmente y nos emociona y protege en cada reunión que mantenemos abajo.


Al estar la fachada del edificio protegida, las carpinterías se eligen de madera y se pintan en blanco para igualarse con las de los vecinos de pisos superiores. La fachada posterior también se abre al pequeño patio trasero donde unas losetas de caucho reciclado y un metracilato perimetral con un motivo floral repetitivo adecentan un espacio residual y lo convierten en pequeña zona de descanso.


Fotografía: Miguel de Guzmán

Vía: http://www.brijuniarquitectos.com
http://www.plataformaarquitectura.cl/2011/03/29/estudio-en-malasana-brijuni-arquitectos
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